EP. 15 — Pedro Albizu Campos: El Rescate de Nuestra Bandera en 1932 y Manuel Suárez Díaz, Primer Mártir del Nacionalismo Puertorriqueño — El Telégrafo Puerto Rico Podcast + Transcript

Salón Boricua
13 min readSep 12, 2022
Pedro Albizu Campos: El Rescate de Nuestra Bandera en 1932 y Manuel Suárez Díaz, Primer Mártir del Nacionalismo Puertorriqueño

[Música de Intro: “Telegrama del Pasado” de Guti Talavera]

Mikeyla [M]: El Telégrafo de Salón Boricua. Un Podcast Cultural dedicado a compartir la Historia, el Arte y la Cultura Puertorriqueña.

Wilmer [W]: Mi nombre es Wilmer Jobeth.

M: Y mi nombre es Mikeyla Jerian.

W: Y juntos vamos a llevarte a través del tiempo.

M: Para que conozcas las historias que pocos saben.

W: Vamos a explorar un pasado de grandeza. El Telégrafo se trata de verdaderos patriotas…

M: De mujeres fuertes…

W: De los sucesos olvidados en los libros que nunca llegaron a nuestros niños. Si escuchas [o lees] esto, ya estás resistiendo. Si lo compartes, estás revolucionando. Ya lo dijo El Maestro, nuestra mejor arma es el conocimiento.

W y M: ¿Nuestro mayor proyecto? Nuestro aire, nuestro mar, nuestro cielo, nuestra Patria… Puerto Rico.

[Sonido de Código Morse/Telégrafo]

[Sonido de teclas en una maquinilla]

[Una cinta comienza a reproducirse]

Pedro Albizu Campos: El Rescate de Nuestra Bandera en 1932 y Manuel Suárez Díaz, Primer Mártir del Nacionalismo Puertorriqueño

W: El 20 de junio de 1927, Pedro Albizu Campos salió de Puerto Rico en el vapor San Lorenzo a las 6:00 de la tarde. Ese día inició su peregrinación por Latinoamérica. Visitó varios países buscando apoyo para la Independencia de Puerto Rico. Albizu había vendido su oficina, sus muebles, prácticamente todas sus cosas y relocalizó a su familia en Perú, el país natal de su esposa Laura Meneses. Estuvo en República Dominicana, Haití, Cuba, México, Perú y Venezuela. Albizu Campos demostró desprendimiento por el ideal, tanto así que en ocasiones tuvo que dormir en los bancos de plazas públicas. Al asumir la presidencia del Partido en 1930, se acordó convertir la Bandera de Puerto Rico en el emblema oficial del Partido Nacionalista.

La bandera de Puerto Rico fue creada por Antonio Vélez Alvarado en Nueva York, en el año 1891. A Vélez Alvarado, se le atribuye la idea de invertir los colores de la bandera cubana. Y es la persona de quien más se mantiene evidencia histórica y documental de su autoría. Les comparto esto, porque también hay historiadores que atribuyen la creación de la bandera a Pachín Marín, y otros a Manuel Besosa. Pero los datos apuntan, que Vélez Alvarado llegó a Nueva York en 1887 y pronto se unió a los movimientos revolucionarios por la libertad de Cuba y Puerto Rico, las últimas colonias España en el caribe. Una tarde que se encontraba en su apartamento, decidió invertir los colores rojo y azul de la bandera de Cuba. Su idea tuvo la aprobación del apóstol cubano José Martí. Betances no se opuso a su versión, pero opinaba que lo más importante era conseguir la independencia. Aunque presentaron varias alternativas para la bandera de Puerto Rico, prevaleció la versión de Antonio Vélez Alvarado. Nuestra bandera se adoptó formalmente el 22 de diciembre de 1895 por la Sección de Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano.

Desde entonces ambas banderas representan, como dijo Lola Rodríguez de Tió: “De un pájaro, las dos alas.”

Tras la Invasión Estadounidense y el fin de la Guerra Hispano-Cubano-Estadounidense, en agosto de 1898 la sección de Puerto Rico quedó completamente disuelta. Los cubanos alcanzaron su independencia y pudieron oficializar su bandera. Por desgracia, Puerto Rico no corrió con la misma suerte. Nuestra bandera monoestrellada, de tres franjas rojas, dos franjas blancas, y una estrella blanca sobre un triángulo azul fue la misma que se izó en 1896, durante los actos fúnebres del médico y poeta José Gualberto Padilla “El Caribe” en Vega Baja. También fue la que se enarboló durante la intentona de Yauco de 1897, posiblemente por Fidel Vélez, José Maldonado “Águila Blanca” y otros revolucionarios. Nuestra bandera, fue la que usaba con frecuencia el Unionista José de Diego.

Por estas cuestiones históricas, Albizu Campos decidió traer la bandera de los colores invertidos, que sería nuestra bandera nacional una vez Puerto Rico alcanzara la Independencia. Desde que Albizu Campos asumió la presidencia del Partido Nacionalista en 1930 comenzó un gran proyecto por el rescate de nuestra memoria colectiva. El Partido Nacionalista con Albizu Campos comenzó a reorganizarse e inicia la etapa del Nacionalismo Revolucionario. En una década donde el hambre y desempleo, arrastrados por una Gran de Depresión económica afectaba a todos en la Isla. El intento de americanización en las escuelas públicas de Puerto Rico, los intentos de asimilación cultural a través de la eliminación de nuestras costumbres y tradiciones amenazaban a nuestra población.

Albizu Campos sabía que para lograr la Independencia tenía que levantar primero la autoestima del Pueblo Puertorriqueño. La memoria de Ramón Emeterio Betances, de Segundo Ruiz Belvis, de Mariana Bracety, de los patriotas del Grito de Lares. La memoria del general Antonio Valero de Bernabé. El día de la bandera de Puerto Rico cada 11 de junio. Las grandes ideas de Eugenio María de Hostos y el ferviente patriotismo de José de Diego. Resultaba justo y necesario levantar la moral de nuestro pueblo. Era necesario re-conectar la lucha había iniciado el Movimiento Libertador en el pueblo Lares aquel 23 de septiembre de 1868. La bandera que bordó Mariana Bracety también fue rescatada. Desde 1930, en todas las tribunas y mítines políticos que establecía el Partido Nacionalista, estaba la bandera de Lares y la bandera de Puerto Rico.

“Voy a exigir una promesa a los patriotas de sangre y hueso, de valor y de ánimo que han permanecido en esta asamblea a estas altas horas de la noche. Una filosofía optimista debe informar todas nuestras actuaciones. Llueve sobre nuestro pueblo una doctrina pesimista que lo desmoraliza y lo acobarda y que debemos atajar en todo momento. Hay que levantar el espíritu público de Puerto Rico y decirle que puede llegar a ser lo que quiera y conquistar su independencia si así lo desea su voluntad. Estamos en plena bancarrota cívica y es menester que llevemos una infusión moral a nuestro pueblo para que vuelva a creer en su destino y en sus posibilidades. Nuestra patria está en plena guerra sin defenderse; solo un resurgimiento de la moral colectiva puede salvarla”. — Pedro Albizu Campos

El año 1932 comenzó con un suceso inesperado. Algo que puso la atención de todo Puerto Rico en el Partido Nacionalista, que llevaba una campaña electoral muy activa. A principios del mes de enero se filtró una carta bastante comprometedora de un doctor norteamericano residente en Puerto Rico. Su nombre era Cornelius Rhoads. El contenido de esa carta, podemos concluir que provocó gran indignación. Insultando a los puertorriqueños, Rhoads insinuaba que en la isla se estaba practicando un exterminio científico a través del transplante de cáncer. Admitía abiertamente haber asesinado a ocho puertorriqueños y haberle transplantado cáncer a otros más. La carta era real y la misma fue encontrada por varios empleados puertorriqueños, entre ellos el nacionalista Luis Baldoni, dentro del laboratorio donde trabajaba el infame doctor. Y como las autoridades hospitalarias donde trabajaba el Dr. Rhoads no tomaron ninguna acción, Baldoni renunció a su trabajo, pero antes entregó la carta original a la dirección nacionalista y también envió copia a todos los medios locales e instituciones cívicas dentro y fuera de Puerto Rico. Era un verdadero escándalo. Cornelius Rhoads terminó huyendo de la Isla y el gobernador estadounidense en ese momento ordenó una investigación. Albizu Campos también denunció sus acciones ante la comunidad internacional, la noticia llegó hasta El Vaticano. Al final, Rhoads terminó dando la excusa de que la cartita la había escrito para su amigo, que era “una composición fantástica escrita en broma como entretenimiento personal”. El Dr. Rhoads, que trabajaba para el Instituto Rockefeller se salió con la suya, ya que la investigación por parte de los fiscales del gobierno no encontraron pruebas para poder formularle una acusación formal y tampoco se le pudo encausar por libelo.

El 16 de abril de 1932, como ya era tradición y costumbre todos los años, los nacionalistas conmemoraban en Plaza de Armas de San Juan el natalicio de José de Diego, líder político, abogado, poeta y escritor. A De Diego le llamaban “El Caballero de la Raza”, pues siempre defendió nuestra Cultura Puertorriqueña, el uso del español en las escuelas de Puerto Rico, nuestra nacionalidad y conservación de tradiciones. Junto a un grupo de estudiantes, entre ellos Juan Antonio Corretjer, se le dedicó a su memoria algunas poesías y discursos patrióticos.

Ese mismo día, un legislador anexionista, llamado Celestino Iriarte proponía ante la Legislatura de Puerto Rico, un Proyecto de Ley para oficializar la Bandera de Puerto Rico como bandera oficial de la colonia. Esta era la segunda vez que se intentaba convertir la bandera en un trapo colonial. Los independentistas ya la reconocían y la usaban como símbolo de la patria. El Partido Nacionalista llevaba unos años usando la bandera como insignia. Importante mencionar que en ambas ocasiones, el Partido Nacionalista se manifestó en contra de los proyectos. Recordemos que esta sería la bandera que se izaría una vez se reconociera la República de Puerto Rico. Convertirla en símbolo de un territorio colonial sin soberanía no era alternativa, por el contrario era visto como una infamia.

Celestino Iriarte había elegido el día menos oportuno para discutir su proyecto en el hemiciclo, el día del natalicio del patriota independentista José de Diego. Antonio Vélez Alvarado, el creador de la bandera de Puerto Rico era parte del Consejo Supremo del Partido Nacionalista desde su fundación. Esa noche, había permanecido en el Capitolio pendiente del proceso legislativo. Los nacionalistas estaban a la expectativa si pasaban el proyecto. Según Marisa Rosado, en su libro Las Llamas de la Aurora, mientras Albizu daba su discurso llegó un nacionalista con la noticia de que a esa hora — alrededor de las once de la noche — los legisladores pretendían convertir el proyecto de la bandera en ley.

Albizu Campos de inmediato se lo comunica a sus oyentes y les pregunta: “¿Y qué vamos a hacer ahora?”… “¡Vamos a impedirlo!”, contestó la multitud.

De acuerdo con informes de la prensa, cerca de 800 personas, caminaron desde la Plaza al Capitolio. En el camino agarraron piedras, palos y prácticamente todo lo que encontraron en su camino. Iban gritando: “¡Viva la República!” La marcha iba encabezada por Pedro Albizu Campos. Se dice que algunos legisladores hasta salieron huyendo de miedo por las ventanas. En ese momento el Capitolio se encontraba en remodelación.

Entrando por el ala sur del Capitolio, llegaron al recibidor y subieron hasta los pisos altos. Mientras tanto, la Policía Insular intentaba impedir el acceso de los manifestantes empujando al grupo. Según José Martinez Valentín en su libro Más de Cien Años de Carpeteo en Puerto Rico, aunque existía un cuerpo de inteligencia militar, aún la Policía no había organizado un cuerpo para proteger a los gobernantes o representantes. La Policía Insular contaba con un algo así como un cuerpo de delatores o “Policía Secreta” para realizar trabajos de inteligencia. Al bajar las escaleras y encontrarse de frente con los que subían, un pasamanos, que no estaba bien anclado, se rompió por la presión de toda la gente. Esto provocó que algunos manifestantes cayeran al vació. Murió aplastado un joven llamado Manuel Rafael Suárez Díaz. Aunque fue la única fatalidad esa noche, también hubo otros heridos.

Albizu Campos fue arrestado por primera vez, algo que posiblemente tuvo efectos negativos en su campaña política de 1932. Fue acusado de haber incitado el motín, pero posteriormente fue absuelto.

Nuestra bandera desde entonces se considera consagrada por la sangre de Manuel Suárez Díaz, quien es reconocido como el Primer Mártir Nacionalista Puertorriqueño. En su honor, el Batallón de Cadetes de Utuado recibió el nombre Suárez Díaz. Esta Defensa de la Bandera en abril de 1932 provocó críticas y divisiones dentro de la clase política. Con un motín sin precedentes, los nacionalistas comenzaban a enfrentar los problemas de manera directa. Con acción, más allá de las palabras. La década de 1930 tuvo grandes efectos en la política puertorriqueña.

Según el historiador Mario Cancel, “las consecuencias del mismo pueden considerarse un triunfo político: el proyecto de la bandera no se aprobó y Manuel G. García Méndez y Antonio R. Barceló, ambos del Partido Liberal, celebraron el acto como uno heroico.”

Todos hablaban de la defensa de nuestra bandera y las acciones nacionalistas para el rescate de la Patria Puertorriqueña. La protesta en el Capitolio y el rescate de nuestra bandera puertorriqueña despertó gran interés por la política y el activismo en los jóvenes. Oscar Collazo es un ejemplo interesante de cómo algunos boricuas deciden comenzar a militar dentro del Partido. A dos meses de ocurridos los eventos del Capitolio, Collazo se presentó ante la Junta Nacional del Partido Nacionalista y luego de un periodo de probatoria logró ser miembro oficial del Partido Nacionalista.

“El evento demostró que la acción militante podía rendir frutos. Estar presente durante este suceso, según admite Oscar Collazo en sus memorias, fue determinante para que él tomara la decisión de acercarse al Partido Nacionalista.” — explica José Manuel Dávila Marichal en su libro de Pedro Albizu Campos.

A partir de este suceso comienzan a ocurrir más eventos violentos en toda la Isla. Se acentúa aún más la persecución contra todos los integrantes del Partido Nacionalista. La persecución a los nacionalistas puertorriqueños es posiblemente la más criminal jamás cometida contra un partido en Puerto Rico. Un ejemplo de un suceso ocurrido ese año fue cuando en el mes de junio el nacionalista Luis F. Velázquez le dió una bofetada al Juez Presidente del Tribunal Supremo, Emilio Toro Cuebas. En este importante caso, Albizu Campos presentaría su Tésis sobre la nulidad del Tratado de París en Puerto Rico. Pero de esto hablaremos en otro episodio.

El 8 de noviembre de 1932, Albizu Campos participó por primera y única vez en las Elecciones de Puerto Rico para ocupar un cargo público, como Senador por acumulación. Aunque no prevaleció, obtuvo más del doble de los votos que el Partido Nacionalista. Albizu Campos, sin embargo, emergió como la primera figura política del país. Desde entonces aumentó la organización de las fuerzas patrióticas con el propósito de crear una crisis política al gobierno de los Estados Unidos.

“En estas elecciones que acabamos de presenciar, la facciones del gobierno han recurrido a todos los métodos para levantar las pasiones más bajas en las masas, recurriendo a todas las formas de soborno. Se ha recurrido a algo inaudito: al secuestro de [los] electores.” — expresó Albizu Campos ante el resultado de las elecciones

De acuerdo con Isabel Picó, en 1932 el Partido Nacionalista inició una serie de campañas anti-imperialistas en las escuelas y universidades por medio de la Federación Nacional de Estudiantes Puertorriqueños (FNEP). El manifiesto del Partido Nacionalista, proponía que los obreros se organizaran para exigir mejores condiciones, la cero colaboración con el régimen colonial y que se convocara pronto una Asamblea Constituyente para organizar libre y democráticamente a la sociedad puertorriqueña. La independencia era la única solución a los problemas económicos en la isla. Para Albizu Campos, tener conciencia ciudadana, desprecio por la esclavitud y emular a nuestros verdaderos patriotas era el primer paso para alcanzar nuestra libertad.

Los Cadetes crecían rápidamente ya que muchos miembros de la parte civil de la Asociación Patriótica de Jóvenes Puertorriqueños (APJP) deciden unirse. En diciembre de 1932, durante una Asamblea General Extraordinaria celebrada en el pueblo Humacao, los delegados deciden que el Cuerpo de Cadetes ahora estaría bajo la dirección de la Presidencia. De esta manera se aceleró la militarización dentro del Partido Nacionalista, siendo los Cadetes de la República parte fundamental para lograr el rescate de la Patria. El Ejército Libertador crecía con la creación de varios batallones en distintos pueblos. Además, no debemos pasar por alto la importante participación de las mujeres nacionalistas a través de la organización de Las Hijas de la Libertad, que eventualmente se transformaron en el Cuerpo de Enfermeras del Ejército Libertador.

En 1933 Albizu Campos comienza una nueva peregrinación en Puerto Rico, esta vez por todos los pueblos. Profesando la defensa de la Nación Puertorriqueña. Desde entonces, su seudónimo “El Maestro”, como muchos le decían, comenzó a popularizarse aún mas entre sus seguidores. En 1934 representaría a los trabajadores de la caña.

Los actos de la tarde del 23 de septiembre de 1934, durante los actos conmemorativos del Grito de Lares, nos da una idea de cómo participaban los Cadetes y las Hijas de la Libertad en las conmemoraciones patrióticas organizadas por el Partido Nacionalista. Estos rituales tenían una gran carga simbólica, que buscaba estimular el fervor patriótico de todos los presentes.

Según describe los actos Juan Antonio Corretjer:

Va a izarse, a la izquierda, la bandera de Lares. Sostiene el asta la señora doña Herminia Méndez, nieta de don Aurelio Méndez, héroes de la jornada de Lares y miembros del gobierno provisional del 68. Iza la bandera dona Josefina Cuevas, sobrina de la heroína patria, Mariana Bracetti,-brazo de oro que bordó la enseña en la aurora de nuestra libertad y espíritu de acero que resistió todas las pruebas en el cenit de nuestro heroísmo. Le hace guardia de honor el teniente don Francisco Sabat Álvarez del [batallón] ’Suárez Díaz’. Sube la bandera. Va a izarse la bandera monoestrellada, el Pabellón Nacional — el sudario de Pachín Marín- el pabellón que, según Pagán Rodriguez, “empuñó Suárez Díaz para entrar en los cielos”. Sostiene el asta el teniente don Adrián Cortés del ‘Suárez Díaz’, e iza la bandera la señora madre del héroe, doña Amparo Díaz de Suárez. En el centro, doña Trina Padilla Vda. De Sanz, la hija ilustre de [José Gualberto Padilla] El Caribe. Sostiene el asta el capitán don Efraín Pérez, del ‘Suárez Díaz’. La Hija del Caribe iza la bandera de la Raza. Inmediatamente, lee unos bellos versos alusivos.

Durante la Magna Asamblea Nacionalista de 1935, el Partido Nacionalista acordó oficialmente la abstención electoral que ya habia propuesto Albizu Campos. Para los Nacionalistas la única manera de alcanzar la independencia sería por la vía revolucionaria. Participar en las elecciones significaba reconocer la autoridad de Estados Unidos y por consiguiente, perpetuar la colonia…

Las fuentes y referencias para este episodio fueron: el libro Las Llamas de la Aurora de Marisa Rosado, el libro, Pedro Albizu Campos y el Nacionalismo Puertorriqueño de Luis A. Ferrao, el libro, Pedro Albizu Campos y el Ejército Libertador del Partido Nacionalista de Puerto Rico (1930–1939) de José Manuel Dávila Marichal, el libro La Isla Desencantada de Ronald Fernández, la lectura El Partido Nacionalista y las elecciones de 1932 de Mario R. Cancel, el libro El Movimiento Libertador en la Historia de Puerto Rico de José Martínez Valentín y el libro Más de Cien Años de Carpeteo en Puerto Rico de José Martínez Valentín.

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[Finaliza grabación y suena un breve telegrama]

[Cambio de cinta, se reproduce]

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Fuentes: 1. Rosado, Marisa. Las Llamas de la Aurora. 1991. 2. Ferrao, Luis Ángel. Pedro Albizu Campos y el Nacionalismo Puertorriqueño. 1990. 3. Dávila Marichal, José Manuel. Pedro Albizu Campos y el Ejército Libertador del Partido Nacionalista de Puerto Rico (1930–1939) 4. Fernández, Ronald. La Isla Desencantada. 5. Cancel, Mario R. El Partido Nacionalista y las elecciones de 1932. 6. Medina Ramírez, Ramón. El Movimiento Libertador en la Historia de Puerto Rico. 7. Martínez Valentín, José. Más de Cien Años de Carpeteo en Puerto Rico. 2003.

Podcast Grabado en: Septiembre 2022

Transcripción: Septiembre 2022

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